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“Con el enfermo de artritis hay que tener comunicación”
María Ángeles García Soto, psicóloga
La artritis reumatoide es una enfermedad que implica un gran sufrimiento físico y psicológico para las personas que la padecen. Con el fin de aconsejar a familiares y cuidadores de estas personas la mejor manera de ayudarles, la psicóloga María Ángeles García Soto impartió esta semana una charla en el Aula Marro, organizada por la Asociación de Artritis Oscense (ARO) en la que incidió, sobre todo, en la importancia de la comunicación. La especialista pidió también respeto para los afectados.
Myriam MARTÍNEZ
HUESCA.- La psicóloga María Ángeles García Soto considera que “una buena comunicación” es la mejor baza para brindar el mayor apoyo posible y los cuidados físicos adecuados que precisan a las personas que padecen artritis reumatoide.
La especialista impartió esta semana una conferencia en el Aula Marro dirigida a familiares y cuidadores en la que desgranó algunos consejos en este sentido, relacionados con el apoyo psicológico y cuidados físicos recomendables para este tipo de pacientes.
“Cuando una persona se entera de que tiene artritis reumatoide sufre un trastorno emocional -explica-. La primera reacción es negar la enfermedad y asustarse un poco, porque no saben realmente lo que es ni qué implicaciones puede tener”. Los familiares también acogen con incertidumbre la noticia, por lo que la psicóloga les recomienda que se informen bien para poder brindar a sus allegados una ayuda eficaz. “Además, el proceso, según la personalidad de cada paciente, sigue distintas fases hasta que la persona acaba aceptando lo que le sucede”.
María Ángeles García propone a cuidadores y familiares que a los afectados “no les hablen mucho de la enfermedad, que intenten escucharles, que les respeten su espacio, que les acepten cuando estén más irritables y nerviosos, que tengan paciencia y, sobre todo, una buena comunicación cuando sea posible”.
Respecto a los cuidados físicos, recomienda “que los pacientes duerman bien, que tengan unos buenos hábitos de sueño entre ocho y diez horas al día, una dieta sana y equilibrada y que hagan un ejercicio físico muy suave”.
La psicóloga apunta que es complicado ayudar a estas personas. La enfermedad afecta también a los jóvenes, que tienen que asumir que van a sufrir una dolencia crónica, que supone un deterioro progresivo, pero no saben muy bien qué les va a ocurrir.
“Además, la enfermedad está asociada a veces a trastornos de ansiedad y depresión y eso también influye a la hora de necesitar una terapia. Si el paciente está ansioso, depresivo o tiene un estrés psicológico muy grande va a actuar muy irritable, muy ansioso, a veces va a tener ganas de hablar y a veces no, lo que repercute en las relaciones familiares. Y aparte la enfermedad, claro”.
diariodelaltoaragon.es
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